La pelota de la paz

Cuatro años después regresó a Belén. Visitamos el campo de refugiados de Aida. Más de 5.000 personas, de 26 pueblos de los alrededores, viven aquí en condiciones durísimas, sin tener garantizados a diario ni tan siquiera el agua y la luz. El muro que estrangula el campamento, y del que os muestro hoy esta foto, encierra también historias cómo la de esta pelota de la paz que me encontré en mi anterior estancia aquí:

“Shalom” (Paz), saludan los soldados israelíes a las puertas del infierno, en los check-point del muro que los protege de la Palestina ocupada. “Shalom”, saludan y humillan. Cada vez que te dan la paz, sientes un dolor en el pecho. “Shalom”, disparan. Es la paz de los cementerios. Paz sin vida. “La paz es la palabra que atesora el viajero para el cruce en el camino con el viajero”, recuerda el poeta palestino Mahmoud Darwish. “Shalom”, armados hasta los dientes. Palabra de soldado. La muerte de la palabra.

“Es un fracaso educativo”, reconoce el primer ministro de Israel, Ehmud Olmert. No se refiere a sus militares. Ocho jóvenes, de origen judío, han sido detenidos por atacar a judíos religiosos, inmigrantes, drogadictos y homosexuales. Formaban un grupo neonazi y pretendían conmemorar el cumpleaños de Hitler en el Museo del Holocausto, en Jerusalem. Los jóvenes llegaron a Israel gracias a la Ley de Retorno, que concede la nacionalidad a cualquier persona con un abuelo judío. Eli Boanitov, uno de los miembros de la banda, habla de sus antepasados en un chat localizado por la policía: “Mi abuelo es medio judío, así que no voy a tener hijos para que ese pedazo de mierda [el bebe] no tenga una gota de sangre judía”. Neonazis judíos, bienvenidos al siglo XXI, a las catacumbas. “Si todo sobrepasa su límite/ se tornará, un día, su contrario./ Y la vida en la tierra será sombra/ para que no veamos…”, vaticina Darwish.

La paz es inocente y lleva coletas. Dos crías, solas, con el uniforme del cole y la mochila llena de libros, atraviesan el “portal de Belén”, la entrada del muro del apartheid en esa famosa localidad palestina. De un lado, la escuela. Del otro, la casa. Su tierra, partida por un monstruo. Dos niñas, chiquitas. De aquí para allá. Hormiguitas de la paz. Sin prisa. Sin pausa. “La paz es un tren con pasajeros que van o vienen de excursión por las afueras de la eternidad”, sueña Darwish. En el muro de Belén, del lado palestino, entre las infinitas pintadas-grietas que lo denuncian, rescatamos una: “Give me my ball back”. Devolvedme mi pelota.

Gorka Andraka

El Muro y la vida

Kilómetros y kilómetros de Muro. De todas las alturas, en todas direcciones, por todos lados. En la cima de las montañas, atravesando las calles de las ciudades, por los lugares más insospechados. De todas las imágenes del David de cemento y alambre, me quedo hoy con esta que vi cerca de Tulkarem, junto al mercado de Nazlit Issa. Pasear por este mercado, hoy abandonado al quedar separado de sus gentes por el Muro, supone remover todos sus fantasmas. En agosto de 2003, los bulldozers y excavadoras israelíes que iban a condenarlo en vida, no conformes con eso, destruyeron buena parte de sus tiendas y comercios. Hoy sólo queda allí el esqueleto de lo que en otro tiempo era el corazón de ese pueblo.

Muy cerquita de Nazlit Issa, caminando junto al Muro, descubrimos uno de esos monstruosos rincones en los que el cemento casi lapida a las viviendas. Sobre el Muro, varios brazos y manos en alto y una frase: “To exist is to resist”. A sus pies, unas plantas y flores trepando por por sus paredes. La vida desafiando, conquistando, a la muerte.

Gorka Andraka

La lucha contra el Muro

Es una de las ocupaciones más inteligentes de la historia”, explica Jamal Juma mientras detalla lo que suponen para Palestina y cómo están diseñados y planificados los asentamientos de colonos, el muro, las áreas militares, las carreteras bypass (sólo para israelíes) o las doce zonas industriales promovidas por Israel en Cisjordania con inversiones de empresas de Alemania, Reino Unido, Noruega o Sudáfrica). Jamal Juma es coordinador de la iniciativa Stop de Wall, Campaña Popular Palestina contra el Muro del Apartheid, una coalición de comités populares locales y oenegés que luchan desde el 2002 contra el Muro y la colonización israelí.

Junto a Jamal Juma hemos visitado la ciudad de Tulkarem, en el norte de Cisjordania, y nos hemos reunido con varios integrantes de uno de los Comités Populares contra el Muro en esa región. Aquí no quieren saber nada ya de reanudar “unas negociaciones con Israel que en los últimos 8 años sólo nos han traído más frustración”. Su propuesta, “aislar internacionalmente” a Israel, para lo que están impulsando desde hace unos años la campaña de boicot, desinversiones y sanciones (BDS) contra ese país. Este apoyo les ha supuesto que muchos de sus activistas y líderes hayan sido arrestados (entre ellos el propio Juma en 2010) y sus oficinas de Ramala allanadas y saqueadas por el Ejército israelí.

La magnitud del drama y destrucción que supone el Muro del Apartheid a su paso por cualquier ciudad, aldea o monte palestino acongoja e intimida. Siguiendo su recorrido a pie de tierra, asomándonos a sus infranqueables paredes, cuesta creer, pese a la evidencia física de poder incluso palparlo, pintarlo, que pueda existir algo así, qué alguien haya sido capaz de imaginar y levantar, con el permiso tácito de toda la comunidad internacional, un engendro de tal magnitud. Colocados frente al Muro, ante su barbarie e inhumanidad, se multiplican los sentimientos de vergüenza, impotencia e indignación.

El Muro humilla. Con su sola presencia, su majestuosidad, su poder. Como si no fuera suficiente con sus consecuencias, sus estadísticas macabras. Por citar sólo un par de ellas: 22 pueblos palestinos, alrededor de 225.000 personas, han quedado aisladas por el Muro de Jerusalen Este, su ciudad y hogar, el centro de sus vidas. Más de 100.000 olivos, algunos de ellos milenarios, fueron arrancados y destruidos para poder levantar el Muro. De momento, Israel lleva construidos 750 kilómetros de los 810 que contemplan sus últimas estimaciones. Visto lo visto, su impacto, dudo mucho que tenga un punto y final.

Para Jamal Juma, coordinador de la campaña Stop the wall, “los cambios en Oriente Medio, las revoluciones en marcha, benefician al pueblo palestino ya que la posición que esos países mantenían respecto a Israel va a tener que cambiar”. Lo mismo que le va a suceder a estados Unidos que “si veta a Palestina en Naciones Unidos va a recibir represalias por parte de los países de la zona y va a ver amenazada su posición en la zona”. Por lo que respecta a Israel, “este país ha decidido no modificar su actitud respecto a Palestina y eso le va a suponer a corto plazo un mayor aislamiento internacional y va a traer más guerras a Oriente Medio”. Sobre la proclamación del Estado palestino en Naciones Unidas, Jamal Juma señala que “no es momento de hablar de uno o dos Estados y sí de cumplimiento de derechos. Israel debe reconocer, por ejemplo, su responsabilidad en la Nakba y después, si quieren, podemos sentarnos para negociar sobre si somos uno o dos estados”.

Gorka Andraka.