Es una de las ocupaciones más inteligentes de la historia”, explica Jamal Juma mientras detalla lo que suponen para Palestina y cómo están diseñados y planificados los asentamientos de colonos, el muro, las áreas militares, las carreteras bypass (sólo para israelíes) o las doce zonas industriales promovidas por Israel en Cisjordania con inversiones de empresas de Alemania, Reino Unido, Noruega o Sudáfrica). Jamal Juma es coordinador de la iniciativa Stop de Wall, Campaña Popular Palestina contra el Muro del Apartheid, una coalición de comités populares locales y oenegés que luchan desde el 2002 contra el Muro y la colonización israelí.
Junto a Jamal Juma hemos visitado la ciudad de Tulkarem, en el norte de Cisjordania, y nos hemos reunido con varios integrantes de uno de los Comités Populares contra el Muro en esa región. Aquí no quieren saber nada ya de reanudar “unas negociaciones con Israel que en los últimos 8 años sólo nos han traído más frustración”. Su propuesta, “aislar internacionalmente” a Israel, para lo que están impulsando desde hace unos años la campaña de boicot, desinversiones y sanciones (BDS) contra ese país. Este apoyo les ha supuesto que muchos de sus activistas y líderes hayan sido arrestados (entre ellos el propio Juma en 2010) y sus oficinas de Ramala allanadas y saqueadas por el Ejército israelí.
La magnitud del drama y destrucción que supone el Muro del Apartheid a su paso por cualquier ciudad, aldea o monte palestino acongoja e intimida. Siguiendo su recorrido a pie de tierra, asomándonos a sus infranqueables paredes, cuesta creer, pese a la evidencia física de poder incluso palparlo, pintarlo, que pueda existir algo así, qué alguien haya sido capaz de imaginar y levantar, con el permiso tácito de toda la comunidad internacional, un engendro de tal magnitud. Colocados frente al Muro, ante su barbarie e inhumanidad, se multiplican los sentimientos de vergüenza, impotencia e indignación.
El Muro humilla. Con su sola presencia, su majestuosidad, su poder. Como si no fuera suficiente con sus consecuencias, sus estadísticas macabras. Por citar sólo un par de ellas: 22 pueblos palestinos, alrededor de 225.000 personas, han quedado aisladas por el Muro de Jerusalen Este, su ciudad y hogar, el centro de sus vidas. Más de 100.000 olivos, algunos de ellos milenarios, fueron arrancados y destruidos para poder levantar el Muro. De momento, Israel lleva construidos 750 kilómetros de los 810 que contemplan sus últimas estimaciones. Visto lo visto, su impacto, dudo mucho que tenga un punto y final.
Para Jamal Juma, coordinador de la campaña Stop the wall, “los cambios en Oriente Medio, las revoluciones en marcha, benefician al pueblo palestino ya que la posición que esos países mantenían respecto a Israel va a tener que cambiar”. Lo mismo que le va a suceder a estados Unidos que “si veta a Palestina en Naciones Unidos va a recibir represalias por parte de los países de la zona y va a ver amenazada su posición en la zona”. Por lo que respecta a Israel, “este país ha decidido no modificar su actitud respecto a Palestina y eso le va a suponer a corto plazo un mayor aislamiento internacional y va a traer más guerras a Oriente Medio”. Sobre la proclamación del Estado palestino en Naciones Unidas, Jamal Juma señala que “no es momento de hablar de uno o dos Estados y sí de cumplimiento de derechos. Israel debe reconocer, por ejemplo, su responsabilidad en la Nakba y después, si quieren, podemos sentarnos para negociar sobre si somos uno o dos estados”.
Gorka Andraka.