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Una cosecha de lágrimas

La agricultura palestina sigue deteriorándose como consecuencia de las implacables políticas de Israel


Autora:
Hanan Chehata / Middle East Monitor
Fuente: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Producción olivarera

De nuevo nos hallamos ante la temporada de la cosecha de la aceituna en los Territorios Ocupados Palestinos (TOP), y algo inusual está teniendo lugar, algo único en esta región. A diferencia de la mayoría de las cosechas por todo el mundo, que los campesinos de la localidad o trabajadores emigrantes recogen, en el caso del pueblo palestino, están literalmente volando hacia los TOP de todas las partes del mundo, si bien en muy pequeñas cifras, para participar en la temporada de recogida de la aceituna. Esto no se debe a una tradición cultural o a una celebración o festival comunal sino a un sentimiento de solidaridad. Son activistas de la solidaridad internacional [1] que vuelan hacia Tierra Santa para estar junto a los campesinos palestinos para ser testigos, y con frecuencia protectores, cuando intentan recoger sus escuálidas cosechas y los soldados israelíes y los ilegales colonos judíos les atacan para impedírselo.

El fruto del olivo tiene un profundo simbolismo para el pueblo palestino; es su cultivo más popular y perdurable. El olivo está vinculado histórica, cultural e incluso espiritualmente a la tierra de Palestina; incluso se le menciona como fruto sagrado en la Biblia y en el Corán. Los olivos pueden vivir cientos de años y generaciones de familias cuidan de los mismos árboles. Son parte imperecedera del patrimonio de muchos palestinos y crean un vínculo especial entre la gente y su tierra. Un ataque a esas cosechas por parte de los colonos judíos y de las autoridades israelíes es un ataque contra la cultura e identidad de todo el pueblo palestino.

Un ataque contra los medios de vida de los palestinos

Los olivos comprenden el “25% de la producción total agrícola de Cisjordania” [2], y los olivos y sus derivados, incluyendo el jabón, el aceite de oliva, etc., son uno de los pilares más firmes de la economía palestina. Sin embargo, esta fuente de ingresos se está viendo implacablemente perseguida, habiéndose convertido en el centro de una campaña conjunta en Israel para obligar a los palestinos a abandonar su tierra e intentar, durante el proceso, degradarles y desmoralizarles. A los campesinos palestinos se les ha robado la tierra, se les han incendiado las cosechas, se les han arrancado los árboles y, con el Muro de Separación, se ha vallado y enladrillado sus granjas para que no puedan llegar hasta ellas, etc. Han arrasado sus huertos para hacer sitio para la construcción de cada vez más ilegales asentamientos y más carreteras racistas sólo para judíos y proseguir con la construcción del ilegal muro del “apartheid”, todo ello con el único objetivo de expoliar más tierra palestina.

En tanto que en el pasado la cosecha de la aceituna proporcionaba tradicionalmente empleo a miles y miles de personas en cada región, con las familias trabajando juntas para recoger las cosechas, presionar la aceituna, fabricar los derivados (y exportarlos), en la actualidad cada vez hay menos gente que pueda ganarse el sustento por esa vía; la consecuencia es que las familias palestinas están teniendo que luchar desesperadamente por salir adelante. Solo en 2010 se estima que “las fuerzas y colonos israelíes arrancaron o quemaron al menos 10.346 olivos en Cisjordania” [3]. El ministerio de agricultura de la Autoridad Palestina informó que en la Franja de Gaza las fuerzas israelíes “han destruido al menos 114.000 olivos desde que estalló la primera Intifada palestina en el año 2000” [4]. De hecho, prudentes valoraciones cifran el número de olivos destruidos por los israelíes desde la creación en 1948 del estado sionista en la tierra palestina en más de un millón; de ese millón, alrededor de la mitad se han destruido a partir de 1987.

Además, no es solo la producción olivarera la que se ha visto afectada. Aunque las aceitunas y los olivos forman realmente los cimientos de la economía agrícola palestina y tienen una conexión especial con la cultura y la historia palestina, no son en absoluto el único producto agrícola que está bajo ataque. Todo el sector agrícola palestino está amenazado de diversas formas por las autoridades israelíes. En Gaza, por ejemplo, la producción de todas las cosechas no está sufriendo menos a causa de la determinación que Israel hace de zonas “de nadie” y zonas de “alto riesgo”. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios en los TOP (UN-OCHA, por sus siglas en inglés), el 17% de Gaza está ya clasificado de alguna forma como zona de peligro u otro tipo y es por tanto inaccesible para los campesinos, que se arriesgan a que los francotiradores israelíes les disparen y les maten si intentan poner un pie en esas zonas, por no hablar de las granjas allí; recuerden, esa es la tierra de los palestinos. De ese 17%, aproximadamente el 95% [5] está ahora en zona prohibida y ya no puede utilizarse para nada aunque es tierra cultivable. Se estima además que un asombroso “35% de la tierra cultivable de Gaza se localiza dentro de la zona restringida”. Esto tiene, obviamente, graves efectos para la economía local.

Como el informe de UN-OCHA afirma: “Considerando que la gran mayoría de la zona restringida en tierra firme es agrícola y abarca alrededor del 35% de la tierra cultivable de Gaza, no resulta sorprendente que los activos relacionados con la agricultura, incluidos árboles frutales, invernaderos, granjas de pollos y ovejas y pozos de agua alcancen el 90% de todos los activos perdidos. Se ha estimado que el valor total de estas propiedades llegaba a 275 millones de dólares. Dentro de esta categoría, el tipo de activo más valioso son los árboles frutales, incluyendo las aceitunas, las almendras, los cítricos y las uvas. Esos árboles, a los que lleva años hacer crecer y mantener antes de que puedan empezar a resultar rentables, representan más de 213 millones de dólares, o el 77% de las pérdidas agrícolas, seguidos por los invernaderos (47 millones), pozos de agua (9 millones), granjas de ovejas (4,5 millones) y granjas de pollos (2 millones).



(Aceitunas, almendras, cítricos, otros árboles frutales, uvas e invernaderos)


Fuente: UN-OCHA [6]

Además, en el informe de UN-OCHA “Between the fence and a hard place – The humanitarian impact of Israeli – imponed restrictions on access to land and sea in the Gaza Strip”, se afirma: “Valoraciones prudentes calculan que el valor de lo agrícola y otras propiedades destruidas en los últimos cinco años en las zonas restringidas de tierra llega a los 308 millones de dólares (valor de reposición). Los activos relacionados con la agricultura incluyen árboles frutales, invernaderos y granjas de ovejas y pollos, alcanzando el 90% del coste citado. Se ha estimado además que las restricciones al acceso y la destrucción relacionadas con los activos agrícolas produce una pérdida anual de aproximadamente 75.000 toneladas métricas de potencial producción. Estimaciones prudentes cifran el valor de mercado de este producto en 50,2 millones al año. La mayoría de los granjeros… indicaron que desde la expansión de las zonas restringidas en 2008, sus ingresos procedentes de la agricultura se habían reducido a menos de la tercera parte de lo que eran anteriormente. Otros informaron que todos sus ingresos se habían volatilizado [7].

Política oficial israelí: Arrasar y confiscar la tierra

Una de las modalidades a través de las cuales las autoridades israelíes destruyen las cosechas de los campesinos palestinos es allanando la tierra agrícola mediante el uso de tractores y buldózer blindados, dedicados nada más que a arrasar las cosechas y los huertos. En la Cisjordania ocupada, según el Informe Anual del Centro Palestino por los Derechos Humanos de 2010: “Israel confiscó y destrozó al menos 13.149 dunums de tierra [1 dunum = 919,3 metros cuadrados] por toda Cisjordania; esta tierra incluye zonas de territorio que los colonos israelíes se han anexionado pero no incluye zonas cerradas, como el Valle del Jordán, al este de Cisjordania, donde las fuerzas israelíes prohíben el acceso a los palestinos”.

Los mismos soldados israelíes son responsables de gran parte de esa destrucción. Un campesino de Gaza describe haber estado presente cuando “los soldados israelíes lanzaron pequeñas bombas hacia su campo, que pronto se incendió”. Explicó que: “Los soldados israelíes dispararon desde sus jeep, haciendo que esos disparos prendieran en la tierra. Quemaron el trigo, quemaron los granados… El fuego se extendió por todo el valle. Avisamos a los bomberos. Vinieron y apagaron el fuego. Pero en algunos lugares el fuego empezó de nuevo”. Safadi estima que perdió “30.000 metros cuadrados en el incendio, incluidos 300 granados, 150 olivos y el trigo” [8].

Ataques de los colonos contra los campesinos y la tierra agrícola

No solo es el gobierno israelí y los soldados los que hacen que la vida se convierta en algo miserable para los campesinos palestinos sino también los ilegales colonos judíos, a quienes las autoridades israelíes conceden patente de corso para que creen el caos en los TOP. Los ataques de los colonos pueden adoptar muchas formas, incluyendo incendiar campos y quemar árboles; arrancar árboles, tanto los antiguos como los plantones; golpear a los campesinos que atienden sus cosechas, etc. Emprenden estos ataques para hacer pagar a los palestinos “un precio”, en venganza, diciendo que la quema o arrancamiento de árboles es en “venganza” por los actos de resistencia [9] de los palestinos y, estrambóticamente, por el traslado de los puestos de avanzada de los asentamientos (ilegales incluso bajo las leyes israelíes) por parte de las fuerzas de seguridad israelíes. Se hace también para intimidar a los palestinos, llenar de dificultades sus vidas y “animarles” a que abandonen su tierra.

Aunque algunos ataques tienen lugar a plena luz del día por parte de desvergonzados colonos que saben que pueden escapar impunemente, otros actos incendiarios de vandalismo y violencia se cometen bajo la cobertura de la oscuridad. Es normal leer noticias como las siguientes: “Esta mañana, Maher Abu Saba descubrió que durante la noche habían destruido 248 plantones de los 250 olivos que recientemente había plantado en su tierra. Los plantones, plantados tres meses antes, habían sido sistemáticamente arrancados y destrozados, quedando sus restos desperdigados sobre la tierra… El ataque se produjo justo junto al control israelí y a la torre de vigilancia en la carretera 60, sin embargo, no parecía que hubieran intervenido en el ataque” [10].

No solo ese tipo de ataques dejan normalmente indiferentes a los soldados israelíes y otras autoridades que cierran los ojos ante los desmanes de los colonos, sino que los ataques de los colonos cuentan también con el permiso religioso de los rabinos extremistas. En 2002, por ejemplo, “El rabino Mordechai Eliahu, el antiguo rabino-jefe de Israel, emitió un edicto religioso permitiendo que los colonos judíos robaran las cosechas de aceituna palestinas en sus respectivas áreas [11]”. Este tipo de pronunciamientos anima a los colonos a saquear las granjas palestinas, robando y destruyendo sus propiedades.

Cabeceras como las siguientes aparecen con demasiada frecuencia: Árboles palestinos destruidos como consecuencia del continuo vandalismo y acoso de los colonos; Israel destruye granjas en Gaza; Los colonos judíos arrancan cientos de olivos palestinos; 300 olivos palestinos arrancados en el pueblo de Salfit por las fuerzas de la ocupación israelí; Olivos arrancados en Jayyus a fin de hacer sitio a otro asentamiento; Los colonos prenden fuego a las cosechas palestinas cerca de Hebrón…

Todo esto es objeto de especial preocupación de los Relatores Especiales de las Naciones Unidas. Según el Relator Especial para el Derecho al Alimento, Olivier De Schutter: “La continua demolición de estructuras y medios de vida agrícolas ha exacerbado la inseguridad alimentaria entre los palestinos en Cisjordania. Las comunidades de pastores han perdido el acceso al agua para sus animales, se ha expulsado a los campesinos de sus tierras y las comunidades beduinas se están viendo especialmente afectadas por las demoliciones, habiéndose destruido sus propiedades, en algunos casos, en repetidas ocasiones”. Además, el Relator Especial “manifestó especial preocupación por la pérdida de los medios de vida de los palestinos a causa de los ataques sin control de los colonos israelíes contra sus tierras productivas y sus recursos naturales”. (27 de septiembre de 2011) [12].

Conclusión

La destrucción de las propiedades palestinas de un modo que provoque la pérdida masiva de las fuentes tradicionales de sustento de comunidades enteras debería ser materia de preocupación para todos los defensores de los derechos humanos. El hecho de que esas actuaciones las esté perpetrando un régimen que está al frente de una ocupación militar de la tierra de una población nativa, en violación de los Convenios de Ginebra y de todos los niveles de decencia moral, es una desgracia. Es un acto de cobardía atacar la fuente de ingresos de un pueblo que está ya machacado a causa de esa ocupación y que vive con la amenaza del arresto, acoso y muerte. Es una cuestión que la comunidad internacional debería abordar urgentemente.

Además, la destrucción de la tierra agrícola y la aniquilación de cosechas, árboles y tierras de labranza debería ser también motivo de grave preocupación de todos los activistas por el medio ambiente. Organizaciones como Greenpeace, activistas y ecologistas de todo el mundo deberían ampliar el alcance de sus preocupaciones para incluir la destrucción gratuita de millones de árboles, inmensas franjas de tierra agrícola y otros peligros medioambientales creados por el régimen israelí. Arrancar y quemar árboles es solo la punta del iceberg en términos de las violaciones medioambientales perpetradas por Israel. Gaza presenta también una grave contaminación en sus tierras y suministros de agua a causa del uso por Israel de munición tóxica y peligrosa como el fósforo blanco. Los efectos a largo plazo de todo esto sobre seres humanos, plantas y animales están aún calculándose. La catástrofe medioambiental que afecta a los habitat de la fauna y flora en los TOP es otro de los motivos por los que Israel es culpable de infligir castigos colectivos a los palestinos. La comunidad internacional no puede permanecer ajena a una situación a la que hay que hacer frente antes de que no quede nada que salvar.

Véase aquí el último informe de OCHA de octubre de 2011 “Olive Harvest Factsheet”.

Notas:

1. International solidarity groups which take part in harvest programmes include groups such as Zaytoun, the Alternative Tourism Group and the Joint Advocacy Initiative of the East Jerusalem YMCA. 2. "Destroying Palestinian Olive Trees" The Globalist, César Chelala, sábado 13 de noviembre de 2010

3. The Palestinian Centre for Human Rights, informe anual 2010, pág. 22

4. Israeli siege harms Gaza olive cultivation, 11 octubre 2011

5. 59,500 dunums or 59.5 km2

6. UN-OCHA-WFP, presentación Power point

7. UN-OCHA report: BETWEEN THE FENCE AND A HARD PLACE, Special Focus - agosto 2010

8. Israel destroying Gaza's farmlands, Eva Bartlett, The Electronic Intifada, 22nd May 2009

9. "Palestinian olive trees destroyed in West Bank attack", The Jordan Times, Oct 17th 2011 10. Olive trees destroyed outside Bethlehem, International Solidarity Movement, 31 mayo 2011 11. Jewish settlers destroy olive groves, por Amal Hamdan, miércoles 5 noviembre 2003, Al-Jazeera.net 12. “WEST BANK DEMOLITIONS AND ATTACKS AGAINST PALESTINIANS MUST STOP”, dicen los expertos de las Naciones Unidas.

Fuente:

http://www.middleeastmonitor.org.uk/reports/by-dr-hanan-chehata/2959-a-harvest-of-tears-palestinian-agriculture-continues-to-suffer-as-a-result-of-ruthless-israeli-policies

 


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